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lunes, 2 de marzo de 2015

SECCIÓN HOY ESCRIBO. MODO MAGIA. Relato infantil



Azeta

 

En el cole todos, excepto mi tutora María Jesús, me llaman Azeta. Me cambiaron el nombre después de ver un capítulo de Doraimon, el mejor invento hasta la fecha, en el que salía un niño muy parecido a mí al que también le gustaba la magia y era un superhéroe.

Me gusta que me llamen Azeta…

 

 
Moca



Tenemos por costumbre cenar a las ocho y media, después nos lavamos los dientes, leemos un cuento y a dormir. Mi hermana pequeña, la Moca, siempre pide el de Blancanieves. Y mi madre se lo ha leído una media de  cinco veces a la semana desde que la cambiaron a esta habitación. No lo aguanto más. Esta noche, si viene el ratoncito  Pérez, sólo deseo que el cuento de Blancanieves desaparezca para siempre. Ya me he encargado de escribirle una nota bien grande en la pared.

         

La Moca es cinco años menor que yo. Ha empezado el cole en septiembre, es graciosa y lleva coletas con lacitos de colores. Todo el mundo la quiere coger y besar en cuanto la ven. Me espanta tanta cursilería. La llamo la Moca porque es peor que una mosca cojonera siempre fastidiándome mientras juego a los agentes secretos de Playmobil; o destrozando mis construcciones de Lego, porque es tan pequeña que no sabe montarlas y se agobia, y me las destroza;  o rompiendo mis figuras de jumping que, para los que no lo sepan, es una plastilina que se solidifica en dos horas. Bueno, pues lo dicho, yo a mi hermana cuando se pone en plan plasta no la soporto. Sé que está mal, pero me enfada mucho, mucho y una fuerza maléfica me obliga a agarrarla de las coletas y tirarla de culo. Pero eso lo hago cuando no está mi madre delante. Y luego lo niego. Pero no sirve para nada porque mi madre sólo cree a Moca. Y yo me siento mal.

 

Una tarde de cabreo le dije: “¡Déjame en paz, mosca cojonera de mierda!”. Ella se empezó a reír. Sí. Allí, en mi cara. Y repitió despacito: “Mo-ca, soy Moca”.  Desde entonces, claro está, es Moca.

 

Los dos dormimos en la misma habitación, en una litera de color azul marino. Yo arriba y ella en la cama de abajo. A veces siento que duermo solo porque no la veo. Sin embargo, si me despierto y no la escucho respirar o moverse, me pongo muy nervioso y asomo la cabeza para ver si sigue allí. ¿Y dónde se va a marchar? Si es una miedosa que sólo piensa en el Hombre de la Sombra Negra.

 

La situación ha mejorado mucho. Antes, cuando era un bebé, lloraba por la noche cada tres horas y mamá tenía que darle el pecho y me despertaba muchas veces. Ahora se toma un vaso de leche con Nesquik calentito, hace un pis, escucha el cuento de Blancanieves y se queda dormida del tirón. Todos dicen que es muy rica y cariñosa. Y sí lo es, aunque me enfade a veces con ella.

 

 El plan

 

Hoy se me ha caído el tercer diente, el incisivo superior izquierdo. Mi madre lo ha colocado en una bolsita de tela y lo ha dejado debajo de la almohada. Me ha dado un beso y me ha dicho que si pensaba fuerte un deseo, le llegaría la onda al Ratoncito Pérez y se cumpliría.

—Ah… Vale. Gracias —sonrío alegre mientras me arropa.

—¡Venga, a dormir!

—Buenas noches, mamita guapa —y le lanzo un beso.

—Buenas noches, pequeños. Os quiero mucho.

Espero un ratito, dos o tres minutos, desde que mi madre cierra la puerta.

—Moca, ¿estás dormida ya?

No contesta. Afirmativo. Iniciando la misión.

He cogido el detector de presencia de los agentes secretos. Lo activo, lo pongo mirando hacia la puerta. Además, voy a apoyar el perchero árbol  Gorleño para que se caiga si alguien entra. Y el unicornio de mi hermana que tiene una campanilla lo cuelgo de la ventana. Si alguien abre la puerta o la ventana sonarán las alertas y me despertaré. Vale. Ya estoy preparado. Quiero conocer al Ratoncito Pérez. Las dos veces anteriores se me escapó. Pero hoy no. Voy a permanecer con los ojos muy abiertos.

 

Sueño

 

—¡Porras, me he dormido!

Gorleño me está mirando expectante.

—Bueno, ¿a dónde vamos a ir hoy? —me pregunta.

—Ya sabes que lo que más me apetece es conocer al Ratoncito Pérez.

—Eso es imposible.

—Siempre me dices lo mismo. ¿Y tú qué opinas, Unicornio morado?

—Pues que no es posible porque ahora está trabajando repartiendo dinero a todos los niños del mundo que se les han caído los dientes hoy. Y cuando alguien está trabajando no se le puede molestar.

—¿Y cómo sabe el ratoncito qué quieres de regalo?

—No lo sabe. Por eso te deja dinero para que tus padres te lo compren.

—Pues a Mateo le trajo un super rayo láser de cagarse.

—No digas esas cosas —le regaña Astillo, su compañero de aventuras: el gorleño.

—Vale. Nada de palabrotas.

—Eso es.

—Pero, ¿y qué pasa en las casas donde hay gatos? Siempre dicen que los gatos se comen a los ratones.

—A éste no —puntualiza Unicornio. A Pérez no porque tiene un espray paralizante que los neutraliza y si no lo consiguiera, tiene un botón en la barriga que si lo pulsa fuerte y dice alto la palabra “magia”, se hace transparente. A veces sucede que cuando tiene claro que en esas casas va a haber gatos complicados, directamente entra en modo magia.

—Ah… ¿Y alguna vez algún niño le ha pillado?

—Que yo sepa no. Es muy hábil

—¿Y cómo va de un sitio a otro?

—Pues se teletransporta. Se mete en un anillo sideral de energía luz.

—¿Cómo, cómo? Eso sí que mola.

—Sí, bueno, esto es un poco difícil de explicar a un niño de ocho años. Básicamente es un principio eléctrico muy sencillo. En el origen de las especies parece ser que todos teníamos ese poder. El arma más poderosa es la mente. Pérez es muy disciplinado y está dotado de tecnología casi, diría yo, que  extraterrestre. Pero vamos, para que lo comprendas, es un héroe que se teletransporta mediante un poder mental.

—Jo… ¡qué pasada! Y yo soy Azeta, soy un superhéroe, te recuerdo. Y soy capaz de descubrir cosas asombrosas. Y mi superpoder es la imaginación.

—Pero de Pérez mejor olvídate. Es una criatura que existe en el limbo de la magia. Es un ser inalcanzable.

—Además, aunque lo vieras, ¿cómo podrías hablar con él?, ¿acaso sabes el idioma de los ratones? —le pregunta Astillo.

—No sé… No sé... Ah… pues entonces…  Maldita sea… Veo que no ve vais a ayudar esta vez. No pasa nada, colegas, ya lo conseguiré por mi cuenta. Todavía quedan en esta boca muchos dientes.

Entonces, los tres bajan la mirada y permanecen un ratito en silencio.

—Pues se nos va a pasar la noche y no vamos a hacer nada más que hablar del Pérez éste. Venga, amigos —arranca Unicornio—, ¿qué os apetece hacer hoy? ¿Vamos a la isla de los Piratas o visitamos Mundo Loco o vemos a las Monas Bailongas o a los payasos sin pelucas o a los dinohuevos, o algún minijuego?

Durante un rato se mantienen a la espera de la decisión infantil. 

 —Nuevo plan: Esta noche quiero viajar dentro de una serie de dibujos animados.

—¿Doraimon? —pregunta el árbol abriendo un poco el tronco y simulando que saca un invento de un imaginario bolsillo.  El gato cósmico.

Ah, ah, ah, tú siempre ganas… Doraimon —canta Unicornio.

—No, hoy quiero ir al Asombroso mundo de Gambol. Es que es la serie  preferida de Mateo. Y cuando le cuente mañana que he estado allí con Jake el perro y Phin el Humano va a flipar.

 

Alerta roja, alerta roja, alerta roja… Me despierto. Doy la luz. ¡Ah… Qué fuerte! El detector de presencia se ha activado cuando mi hermana ha abierto la puerta para ir al baño a mear —le cuesta lo del control nocturno—. Tengo el corazón a mil. Pensaba que había pillado al Ratoncito Pérez. Meto la mano debajo de la almohada. Busco. El diente ya no está. Miro en la estantería rosa de tonterías de mi hermana. El libro de Blancanieves tampoco está. Soy el niño más feliz del universo. Miro a Unicornio y Gorleño. Me guiñan el ojo y sonríen. Y escucho una vocecita pequeña y aguda en mi oído derecho, acompañada de una leve presión de patitas en el hombro. Es Pérez, está en modo magia y me dice: “¡Adiós, Superhéroe!”

Me llevo la mano corriendo al hombro para cogerle. ¡Uy, qué rabia! A este no le cazo. A ver el próximo diente… Cada vez estoy más cerca de ti, señor Pérez.

La Moca apaga la luz y se mete en la cama. Todavía son las cinco de la madrugada y me queda un rato hasta las ocho y veinte. Cierro los ojos. Estoy deseando volver a soñar.

 



Texto revisado: Mariola Díaz Cano.

sábado, 26 de abril de 2014

SECCIÓN HOY RECOMIENDO: SORBO DE LETRAS

*Hace unos años, participé en este certamen internacional y seleccionaron uno de mis micros presentados. Os lo adjunto a continuación. Lo curioso es que en su momento no me paré a leer el libro, pero hace poco lo retomé y me sorprendió cuánto se estruja la gente el cerebro para escribir en torno a un tema ( el vino de Rioja) y en tan pocos caracteres. En fin, que si cae en vuestras manos, os lo recomiendo.




A  TRANCAS Y BARRANCOS(*)


 

Fiesta popular. No sé cómo he llegado a estar dentro de  una bota de roble rodando por un barranco. Pero me río porque no soy el único: Perico Diablos y  El  Miracielos van delante. El primero que llegue abajo consigue su peso en Rioja. Todo sea por la causa.

viernes, 25 de abril de 2014

SECCIÓN HOY RECOMIENDO. MUSICAL NINE. FERGIE


Soy una apasionada de las películas musicales, y esta puesta en escena donde la protagonista es Fergie me encanta.



Espero que os guste el video, aquí os dejo el enlace.

http://www.dalealplay.com/videos/Fergie-baila-en-Nine-la-pelicula_224092

jueves, 24 de abril de 2014

SECCIÓN HOY RECUPERO. LIMITROFÍA




LIMITROFÍA.
Seguro que me engendraron en un descuido de promiscuidad, porque de repente, nací con urgencia en medio de la nada y allí me dejaron unos cuantos días, junto a una teta culpable y una inocencia truncada, lo sé. Soy ciudadano del estado de Lineatam. Soy el único residente con pasaporte reconocido expedido, claro está, por mí mismo, y sin fecha de caducidad. Podría decirse que yo soy rey y súbdito al mismo tiempo y me paso la vida paseando por mis confines. Dicho estado pertenece a la línea fronteriza que separa todos los espacios terrestres conocidos y los territorios acuosos que quedan entre límites naturales que no pertenecen a ningún país. No sé si tengo  nombre. No tengo casa. Transeúnte de mil términos, ya lo he dicho, no pago aranceles de aduana. Llevo un gran cordón y una aguja curva a cuestas y cuando veo que mis contornos tienden a separarse, coso la tierra con puntazas enormes de lado a lado.  Dicen que la locura me abre todas las puertas y yo no sé de qué hablan; todo en mí me parece tan normal... Siento constantemente  un estado de  ensimismamiento y  entusiasmo y una felicidad que, de pura, ya no  duele. Vamos, que soy un tipo fenomenal. No suelo tener muchos contactos con el resto de humanos porque les siento huidizos y muy distantes a excepción de algún peregrino que alucinado acompaña mi silencio, nada fructífero. Pudiera ser que esta lengua mía no ayude mucho, que ni es esperanto ni nada: una suma de todos los dialectos  que transcurren a ambos lados de las fronteras por las que circulo; así que, ni yo me entero ni me entienden. 
No sé por qué soy una criatura tan especial. No sé cómo lo haré cuando me muera, que lo mismo ni me muero de lo especial que soy.  Bueno, no todo puede ser tan perfecto, hay una pregunta, cuya respuesta inexistente por el momento me asfixia, y es por qué no he estado nunca en celo si yo lo intento. Tal vez, al final de la línea haya otra compatriota esperando y me saque de dudas.


miércoles, 23 de abril de 2014

SECCIÓN HOY RECUPERO: ¿QUÉ SOMOS Y QUÉ QUEREMOS?





IMPEDANCIA. Sobre la pregunta eterna, ¿qué somos?

Nos han engañado. Toda la vida. Estamos realmente dentro de una bombilla OSRAM de 40w, 35V  viviendo sin saber que el sol no es sol y que esos que se mueven ahí fuera son los verdaderos.
—Anda, cátodo. ¡Cállate!



TOMATOIDE ELECTRONICO. Sobre la pregunta eterna: ¿qué queremos?

Presentación del listo que todo lo sabe: "Les enseñaré a continuación el mayor de los inventos diseñados para humanoides. Basado en la tecnología más puntera del momento: el tomatoide electrónico. Usted, con su tomatoide en el bolsillo podrá tele-trasportarse a cualquier punto del tiempo y espacio, comer cualquier alimento que desee e incluso concebir a sus querubines a su gusto y medida. Pero, no se confunda, el Tomate no es un “tamagochi” que requiere de mantenimiento y atenciones constantes.  Es mucho más que eso: será su mejor y único amigo. Sólo tiene que apretar el botón que se encuentra en la base y desear algo. A continuación el objeto experimenta una metamorfosis interna y muta escupiendo aquello que usted ha solicitado. Como pequeño inconveniente le advertimos que son seres muy territoriales y no permitirán que otro tomatoide electrónico esté a menos de cien metros o entrarán en una crisis existencial que les fagocitará de un macro-mordisco. ¿A que es el mejor invento para que ustedes sean felices?"




*De la batería micros existenciales.